
No es fácil mantener un buen hábito, puesto que cuando llega el momento alargamos ese espacio dando por hecho que lo tenemos todo garantizado, que ya está hecho, nos vendamos los ojos y perdemos los vagones del próximo tren. Mantenerse conformistas sin aprovechar la oportunidad de continuar una escala predice el augurio de un futuro mucho menos exitoso, mucho menos apetecible.
Hay personas que luchan un día y son buenas, hay otras que luchan un año y son mejores; hay otras que luchan durante un año, y son muy buenas; hay quienes luchan toda la vida. Éstas son las imprescindibles.
De ahí tentar el aprendizaje de los más pequeños a explicar de lo que debe ser el pasado. Del pasado sólo se deben escoger aquellos datos que ayuden a neutralizar y a mejorar un mejor presente, todo lo demás es historia, no inventemos máquinas del tiempo y queramos volver recordar situaciones complicadas que sólo contaminan el presente.
Vuelvo a hacer eco de la importancia del “vivir el hoy cómo si fuera el último”.
Para muchos suena raro que se les digan que se debe aprovechar el día a día cómo si fueran los últimos, pero lo cierto es que en edades tempranas queda grabado el hábito cómo la tinta en un papel, es en edades tardías cuando existen barreras que para ellos después se convertirán en una rampa hacia abajo.
Entrenar el trabajo en la consistencia es algo con lo que se debe cuidar, queda en juego muchas bonitas historias que regalar.
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