lunes, 10 de octubre de 2011

Dejemos las copias, premiemos la originalidad.


Quizás uno de los mayores errores es copiar hasta el último detalle de áquel que ha conseguido y sabe qué es el éxito. Pero mi experiencia me dice que para obtener un nombre y un prestigio debe existir algo diferente. Podemos admirar y coger el ejemplo de los más agraciados, pero jamás a cada detalle. Si lo trasladamos al mundo del fútbol, es exáctamente similar. La cantidad de niños que quieren parecerse a los grandes jugadores cómo lo son los Messi, Cristiano Ronaldo y compañía. Es positivo querer aprender de ellos, pero es erróneo querer ser cómo ellos. Para ello, lo más sensato y lo más apropiado es dejar que el propio niño profundize dándole un varniz de confianza y un manual de instrucciones. Jamás queramos interferir en cómo tienen que "ser" ni la manera de cómo tienen que demotrar. Dejen que sus emociones se desarrollen, que sientan sus propios errores(es lo más importante) y sigan nadando hasta zarpar en su isla ideal, hasta encontrar su maravillosa personalidad dentro de un ambiente que les permita respetar, reír y llorar a través del valor que nos ayuda a crecer: la empatía. No es sencillo transmitir semejante valor de los que muchos no han llegado a conocer. Por ello, cómo he dejado claro en mi anterior publicación, el equilibrio entre la disciplina y el amor se antoja fundamental. Pero sobre todo mucho corazón. Hagamos de ellos la preciosa generación del futuro y por tanto hagamos cambiar el dicho al gran psicólogo y psiquiatra suizo Carl Jung, "Todos nacemos originales y morimos cómo copias".

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