Todos necesitamos que haya alguien que nos reconozca, que nos valoren de una manera en el que podamos sentir un “autoaprecio”, en el que podamos sentir que aquello que estoy haciendo lo estoy haciendo bien, por el contario no tiene sentido seguir o no se siente el sentido a lo que se está haciendo, se está sufriendo. Pero hay una gran diferencia entre “sufrir” y sentir “dolor”. Que te duelan las cosas, eso es casi bueno, el problema es que sufras, el dolor es una alerta a un peligro a no sentirse querido, el sufrir es no sentirse querido por algo o por alguien directamente. Nuestro corazón necesita que sea querido, que sea reconocido. Por ello y por encima de toda situación, cómo entrenador, educador, amigo, persona, es muy importante hacer sentir al que tienes al lado que está allí, que lo está haciendo bien, que agradeces trabajar con él, tenerlo a tu lado.
En mi vocación, que son los niños lo es aún más. Un niño cuando nace ya tiene tres necesidades: necesita que lo cuiden, necesita que le den afecto y cuando es más mayor necesita que se le reconozca. Es muy importante que en el trabajo en grupo, cuando se observa que alguien está yendo por debajo de lo habitual, es necesidad que se les aprecien más, necesitan sentirse reconocidos para sentir agradecimiento, para sentir gusto, para transmitir belleza.
Si lo trasladamos a lo que pasa hoy pasa exactamente lo mismo, niños de calle en países tanto desarrollados cómo subdesarrollados relacionados en el tráfico de armas, en el tráfico de drogas, en la violencia o en la misma delincuencia y que la solución y medida con la que se media es con la cárcel, estar encerrados, solos, en un entorno poco apropiado. Soy muy contrario a éstas medidas, éstas personas no son niños que no han tenido alimentos, son niños que no han tenido amor, son niños “desqueridos”. Por eso la mejor solución no es la de encerrarlos o sacarlos de la calle, lo que necesitan es nacer en un entorno dónde puedan saber cuál es el significado de lo que es una acaricia, de lo que es un buen gesto, de lo que es sentirse apreciados.
Apreciar, cuidar o reconocer son ingredientes indispensables para sentir que estamos haciendo lo correcto, que vamos por un camino y para que sientan que “están”.