Muy cuestionado está el fútbol balear, sobre todo en estos últimos años en los que se reafirma en masa el decrecimiento formativo del fútbol base y categorías amateurs. Son muchos los que dictaminan que se le da un comportamiento excesivo al resultado, es decir, se le da una mayor importancia a lo que es un resultado en detrimento de las demás otras y más importantes para el desarrollo de la calidad futbolística grupal e individual.
Pero si nos vamos a términos de comparación, con el fútbol de las distintas Comunidades Autónomas, con Catalunya cómo ejemplo claro de una clara generación bien dotada, con el F.C.Barcelona cómo diamante de su arsenal. Pero si nos trasladamos al fútbol base encontramos perlas hacia cualquier partido que podamos presenciar, sea el equipo que juegue y sea la categoría en la que juegue. La gran diferencia con el fútbol balear es que hay un código que está por encima incluso del resultado final: el buen hacer, construir equipos sanos en creatividad desde el portero al futbolista más adelantado. A la hora de competir nos hace parecer que hay un nivel de competición muy alto por conseguir un resultado pero es gracias a darle más importancia a la formación. Por eso, cuando dos equipos se enfrentan y tienen el mismo objetivo de que tiene que haber un buen fútbol por encima de cualquier otra cosa crea una competición sana que nos hace pensar que el resultado es el primordial.
En definitiva, cuando dos rivales se enfrentan en pleno proceso formativo, el resultado sólo es cuestión de quién ha sido el equipo que mejor ha hecho las cosas. La formación enriquece el resultado.
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